Ciudades e inteligencia

Podríamos ponernos de acuerdo sobre qué es una ciudad, un concepto que tiene siglos, que fue evolucionando, pero que sigue conservando una esencia: se trata de


mucha gente en poco espacio.

Después podemos ver a lo largo del tiempo, qué es mucha gente, qué es poco espacio. Hoy hablamos de ciudades, conglomerados urbanos, áreas urbanas, metrópolis, megaciudades, en definitiva, diferentes escalas y complejidades, pero la esencia se mantiene.


El fenómeno de lo urbano tiene diferentes acepciones según el contexto, en algunos casos se considera la densidad, el tamaño de la población o el área urbanizada, pero lo que entendemos por cultura urbana en alguna medida es un fenómeno universal.


Una ciudad es donde te pasan cosas imprevistas, cada día, donde la circulación y la vida tienen el componente de lo aleatorio, novedad y ese plus que surge de esa dinámica en materia de cultura, moda, tendencias, tecnología, organización social y familiar. El trabajo y el ocio.



Ahora, si tenemos que definir “inteligencia” y concretamente ciudades inteligentes el tema se torna más difícil y confuso: ya definir qué es una persona inteligente es complejo: es astucia? Capacidad? Perspectiva? Alguien adelantado? Creativo? Alguien que sabe usar tecnología? Messi es inteligente? Elon Musk?


Probablemente ustedes me responderían, depende para qué, seguramente Messi no sabría como organizar una empresa, conseguir financiamiento y poner en órbita 20mil nanosatélites, o 3 astronautas en la estación espacial internacional a través de una nave espacial reutilizable, o crear una marca de auto eléctricos autónomos y un largo etc… y seguramente Elon Musk no podría hacer 1000 goles, ganar la champions… y el Mundial..


Entonces, la inteligencia es un atributo que tiene que ver con las condiciones propias, con el entorno y con el objetivo propuesto.


Volviendo a las ciudades creo que cabe la misma pregunta para definir mejor qué es una ciudad inteligente.


Qué ciudad, con qué recursos (materiales, históricos, geográficos, humanos y simbólicos) para qué modelo y objetivo estratégico, qué inserción quiere tener en el mundo, qué tipo de servicios quiere dar a sus ciudadanos, cómo utiliza el espacio público y un tema importante, qué condiciones dejará a las generaciones que vienen.



A smart city is an emerging concept, a project under development, still unfinished.


Pero tratemos de apuntalar el término.

Sostenibilidad: las ciudades generan sus propios recursos económicos, son las que más contribuyen a la riqueza de los países, pero tradicionalmente los servicios básicos necesarios para su funcionamiento son externos: agua, electricidad, tratamiento de basura, producción de alimentos, industrias.


Digitalización: es el nuevo distrito de cualquier ciudad, una capa transversal que vincula producción, servicios, gobierno, participación y, potenciado por la pandémica, vínculos sociales

Participación: casi como una consecuencia de lo anterior. Ya no hay excusas para que los procesos participativos no sean un bloqueo que ralentiza el avance de la ciudad. Hoy los ciudadanos no solo pueden optar por propuestas de los gobernantes, sino que pueden ser co-creadores diseñadores de proyectos. Desde lo más mínimo, cómo será las papeleras urbanas, los bicicleteros, hasta cómo será la futura biblioteca de la ciudad, o la estación de trenes.

Datos: es un insumo crucial para el funcionamiento de la ciudad, no solo por una cuestión de transparencia. Los datos son insumos tan críticos como el cemento o el asfalto. Una ciudad que quiera ser inteligente tiene que tener sistemas de recolección, software de procesamiento, pero sobre todo, preparar sus recursos humanos para que tome decisiones basadas en datos. Con el open data, además, es una herramienta de participación democrática.

Uso del espacio público: la densidad tiene que ser balanceada con espacio público de calidad, tanto en lo macro, calles, avenidas, parques urbanos, como hasta el último rincón en lo que hoy se llama el Placemaking. Sería borrar los límites del umbral del hogar para que el espacio público sea una continuación.

Transporte inteligente: descontados los evidentes beneficios de contar con un sistema de transporte público eficiente y moderno, y lo inconveniente del transporte privado, sobre todo en auto particular, sería inteligente regular las plataformas digitales en un gran sistema que aproveche lo mejor de cada sistema para buscar la mayor fluidez, inclusión y respeto del medio ambiente.

Medio ambiente: no hay ciudad inteligente sin verde.

Foco en los ciudadanos y sus vidas. No a las soluciones llave en mano, copy paste con delay, para analizar, adaptar e innovar. I+d / c+p

Ciudad start-up o ciudad emprendedora. Para gobernar la incertidumbre hay que tener una organización resiliente, una mentalidad de start-up. Animarse a incorporar a ciertas áreas de gobierno estructuras de funcionamiento flexibles, que fomenten la innovación y el trabajo en equipo, horizontal.

Mirada nacional, regional e internacional. Definir qué lugar puedo ocupar en cada instancia, a partir de qué potencialidad y con qué estrategia.